LUNA FRIA JEFFERY DEAVER PDF

Shelves: favorites , tbr I really enjoyed the seventh book in the Lincoln Rhyme series. This one also gives us a first look at a character that Deaver spins off into her own series, Kathryn Dance. We get to see the science side of things and also how Dance uses her expertise in kinesics, which is the science of body language, nonverbal gestures, postures and facial expressions. Dance works at the California Bureau of Investigation and gets pulled into this case via Lon Selitto who believes that Dance can help out Rhyme I really enjoyed the seventh book in the Lincoln Rhyme series. Dance works at the California Bureau of Investigation and gets pulled into this case via Lon Selitto who believes that Dance can help out Rhyme and Sachs as they hunt down a man known as "The Watchmaker.

Author:Vudozahn Vudoshura
Country:Burma
Language:English (Spanish)
Genre:Music
Published (Last):15 January 2004
Pages:104
PDF File Size:7.90 Mb
ePub File Size:20.37 Mb
ISBN:741-9-99444-358-1
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Por ms que luchis, no podis vencerme. Por ms que corris, no me dais esquinazo. Mato a placer y jams podris prenderme. Quin soy? El destinatario de esta pregunta no pareci orla. Mir de nuevo por el retrovisor y se concentr en la conduccin.

Pasaban pocos minutos de la medianoche y las calles de la parte baja de Manhattan estaban heladas. Un frente fro haba despejado el cielo y convertido en liso hielo la nieve cada poco antes sobre el asfalto y el cemento. Iban los dos en el bronco Troncomvil, como llamaba Vincent el Listo al todoterreno marrn oscuro.

El coche tena ya unos cuantos aos; los frenos necesitaban un repaso y haba que cambiar los neumticos. Pero llevar al taller un vehculo robado era una psima idea, sobre todo teniendo en cuenta que dos de sus ltimos ocupantes haban muerto asesinados. El conductor cincuenta y tantos aos, delgado, cabello negro bien recortado torci con cuidado hacia una bocacalle y prosigui su viaje sin acelerar en exceso, tomando los desvos con precisin, perfectamente centrado en su carril.

Habra conducido del mismo modo estando las calles secas, o si el vehculo no hubiera estado involucrado en un asesinato. Cautelosamente, con meticulosidad. Cunto tiempo tardaron? Un escalofro recorri a Vincent el Gordo largos dedos como salchichas, siempre sudorosos, y el cinturn marrn tan tirante que el primer agujero estaba dado de s. Haba estado esperando en la esquina de la calle al acabar su turno de noche como procesador temporal de textos.

Haca un fro espantoso, pero el vestbulo del edificio le desagradaba. Tena una luz verdosa y las paredes cubiertas de grandes espejos en los que poda ver su cuerpo ovalado desde todos los ngulos. As que haba salido a tomar el aire difano y fro de diciembre y se haba puesto a pasear de un lado a otro y a comer una chocolatina. Bueno, dos. Mientras Vincent miraba la luna llena un disco asombrosamente blanco visible por un instante entre el desfiladero de los edificios , el Relojero reflexionaba en voz alta: Que cunto tardaron en morir?

Una pregunta interesante. Vincent conoca desde haca poco tiempo al Relojero, cuyo verdadero nombre era Gerald Duncan, pero saba ya que convena tener cuidado con las preguntas que se le hacan. Hasta la cuestin ms sencilla poda dar pie a uno de sus monlogos. Caray, lo que hablaba.

Y sus respuestas eran siempre tan razonadas como las de un catedrtico. Vincent saba que, si haba estado callado esos ltimos minutos, era porque estaba sopesando la respuesta. Abri una lata de Pepsi. Tena fro, pero necesitaba algo dulce. Engull el lquido y se guard la lata vaca en el bolsillo. Luego se puso a comer un paquete de galletas saladas con mantequilla de cacahuete. Duncan le lanz una ojeada para asegurarse de que llevaba puestos los guantes. En el Troncomvil siempre llevaban guantes.

Meticuloso Yo dira que hay varias respuestas a esa pregunta dijo Duncan con su voz suave y distante. Por ejemplo, el primero al que he matado tena veinticuatro aos, de modo que podra afirmarse que tard veinticuatro aos en morir.

No me digas? El otro tena treinta y dos, creo. Pas un coche de polica en sentido contrario. A Vincent comenz a palpitarle la sangre en las sienes, pero Duncan no se inmut. Los policas no parecieron fijarse en el Explorer robado. Otra forma de abordar tu pregunta prosigui Duncan es considerar cunto tiempo transcurri desde el momento en que empec a matarlos hasta el instante en que sus corazones dejaron de latir.

Probablemente te referas a eso. Vers, a la gente le gusta encuadrar el tiempo en marcos de referencia fciles de asimilar. Y eso est bien, siempre y cuando sea til. Saber que las contracciones del parto se producen cada veinte segundos es til. Y tambin saber que un atleta corri un kilmetro y medio en tres minutos y cincuenta y ocho segundos, y que por eso gan la carrera.

Pero saber concretamente cunto tiempo tardaron en morir Bien, eso no tiene importancia, con tal de que no fuera rpido. Lanz una mirada a Vincent. Y no es que quiera criticar tu pregunta. No dijo Vincent, al que no le importaba si la criticaba o no.

Vincent Reynolds tena pocos amigos y estaba dispuesto a pasarle muchas cosas por alto a Gerald Duncan. Era simple curiosidad. La verdad es que no me he fijado. Pero la prxima vez lo cronometrar. La chica? Su corazn lati un poco ms aprisa. Duncan asinti con un gesto. Esta noche, querrs decir. Era ms de medianoche. Con Gerald Duncan haba que hablar con precisin. Sobre todo, en lo tocante al tiempo. S, eso. Pens en Joanne, la siguiente en morir, y Vincent el Hambriento le tom la delantera a Vincent el Listo.

Esta noche El asesino conduca siguiendo un patrn complejo, de regreso al edificio que ocupaban temporalmente en el distrito de Chelsea, al sur de Manhattan, no muy lejos del ro. Las calles estaban desiertas; la temperatura rondaba los diez grados bajo cero y el viento corra sin cesar por las calles estrechas. Duncan aparc junto a la acera, apag el motor y puso el freno de mano. Caminaron por espacio de media manzana por entre el viento glido. Duncan iba mirando la sombra de su cuerpo, que la luna proyectaba sobre la acera.

Se me ha ocurrido otra respuesta. Respecto a cunto tiempo tardaron en morir. Vincent se estremeci otra vez. Por el fro, sobre todo, aunque no slo por eso. Mirndolo desde su punto de vista prosigui el asesino, podra decirse que una eternidad. Sentado en su silla chirriante, en el despacho caldeado, el hombretn beba caf y miraba con los ojos entornados hacia el fondo del muelle, entre la luz brillante de la maana.

Era el supervisor de maana del taller de reparacin de remolcadores, situado en el ro Hudson, al norte de Greenwich Village. Cuarenta minutos despus estaba previsto que atracara un Moran con el motor averiado, pero de momento el muelle estaba vaco y el supervisor estaba disfrutando del calorcillo de la caseta, donde se haba sentado con los pies sobre la mesa y el caf apoyado en el pecho.

Quit un poco de vaho de la ventana y mir de nuevo. Qu es? Junto al borde del muelle, del lado de Jersey, haba una caja negra no muy grande. No estaba all el da anterior a las seis, cuando cerr el taller, y despus de esa hora no haba atracado ningn barco. La caja tena que haber venido del lado de tierra. Haba una alambrada que impeda el paso de transentes, pero si alguien quera entrar, entraba: el supervisor lo saba por las herramientas y los cubos de basura que se llevaban, cualquiera saba por qu.

Pero para qu haban dejado aquello en el muelle? Estuvo un rato mirando la caja mientras pensaba: Fuera hace fro, y viento, y con lo bien que sienta el caf Despus se dijo: En fin, habr que ir a echar un vistazo. Se puso el grueso chaquetn gris, los guantes y el gorro, bebi un ltimo trago de caf y sali al aire cortante. Recorri el muelle abrindose paso entre el viento, con los ojos llorosos fijos en la caja negra.

Qu cojones es eso? Era rectangular, de menos de medio metro de alto, y el sol, todava bajo, se reflejaba con fuerza en su parte frontal. Entorn los ojos para defenderse de su resplandor.

El agua espumosa del Hudson se agitaba entre los pilares del muelle. Se detuvo a metro y medio de la caja, al ver lo que era. Un reloj. Un reloj antiguo, con una luna dibujada delante y esos nmeros romanos tan graciosos. Mir su reloj de pulsera y vio que el del muelle funcionaba bien: marcaba la hora exacta. Quin habra dejado all una cosa tan bonita? Estupendo: me han hecho un regalo. Pero, al dar un paso adelante para cogerlo, le fallaron las piernas y el pnico se apoder de l un instante al pensar que iba a caer al ro.

Cay al suelo, sin embargo, sobre una placa de hielo que no haba visto, y no se desliz ms all.

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